Mientras las brumas levantan se ve a tres esforzados paisanos andando por entre los arroyuelos de plata, allá por donde apenas triscan los lirones caretos y a duras penas sobrevuelan los urogallos. Dejando atrás las comodidades y las señoras de brazo gordo que los esperan sentadas en la mesa camilla, avanzan hacia su destino.